martes, 6 de noviembre de 2018

CREACIÓN LEGAL DE LAS PROMOTORAS DE GÉNERO



SUMARIO: 1. Introducción. 2. Perspectiva de Género. 3 La creación de la figura de Promotoras de Género. 4. Finalidad y atribuciones. 5 Palabras de cierre.

                              Por Fernando Millán

Revista Anales de la Legislación Argentina  Nº 9. Septiembre 2018. Editorial La Ley. pág. 127



1. Introducción
         
          La violencia contra las mujeres es quizás la más extendida y socialmente tolerada de todas las violaciones a los derechos humanos. Refleja y refuerza las desigualdades entre hombres y mujeres y compromete la salud, la dignidad, la seguridad y la autonomía de sus víctimas.[1]

          Partir de tal afirmación, resulta una cuesta difícil de ascender. Para ello intentaremos analizar esta reciente legislación sancionada por la provincia de Misiones[2], la cual crea la figura legal de las Promotoras de Género, dependiente del ámbito del Ministerio Provincial de Desarrollo Social, la Mujer y la Juventud.

          Incorporar la perspectiva de género en los derechos humanos, implicar tomar en cuenta las diferencias socio-culturales entre mujeres y hombres y las diferencias que éstas conllevan en el reconocimiento y disfrute de sus derechos.

          La creación de nuevas figuras que tengan como finalidad cumplir acabadamente con lo normado en las leyes nacionales de protección a la violencia de género, resultan medidas útiles, e indispensables a los fines de mejorar la calidad de vida de los grupos vulnerables como son las mujeres socialmente relegadas. 

          Para ello intentaremos contextualizar la sanción de la norma desde una perspectiva de género, luego analizaremos brevemente la ley en cuestión, haciendo hincapié en los objetivos establecidos por la norma, las atribuciones que se les otorga a las Promotoras de género, y sus requisitos.

          Las normas se constituyen desde las valoraciones comunitarias o individuales sobre lo que debería hacerse. Un valor es una apreciación acerca de algo, en este caso, acerca del deber ser. Pero las normas no son incontaminadas mariposas que irrumpen desde la nada, sino imposiciones provenientes de los dispositivos de clase dominante, de aparatos de Estado, de religiones, de pedagogías, en fin, del poder. Algunas valoraciones resisten el paso del tiempo, otras cambian sensiblemente, también se construyen nuevas.[3]

          Afortunadamente, asistimos a momentos históricos en los cuales, muy gradualmente se avanza en pos de lograr la igualdad de derechos y no nos quedamos exigiendo las igualdades en los hechos.