viernes, 25 de febrero de 2011

El niño disputado entre dos países

Hace quince años, la batalla entre Gabriela Osswald y Eduardo Wilner por su hija ganó la opinión pública durante meses. Ahora, la Corte Suprema debe resolver un caso igual. Dos argentinos tuvieron un hijo en Canadá. La madre vino al país con el chico y no regresó. Y el padre lo reclama.

La Corte Suprema de Justicia tiene en sus manos un caso con similitudes al que mantuvo en vilo a la opinión pública en 1995 entre Gabriela Osswald y Eduardo Wilner por la tenencia de Daniela, la pequeña hija de ambos, luego de que la madre viajara a la Argentina con ella por unos días y decidiera no regresar más a Canadá, donde había nacido la niña y vivía el matrimonio hacía varios años. El nuevo caso enfrenta a otros dos argentinos, que tuvieron un hijo en Montreal, que hoy tiene 6 años. El padre denunció a la madre por la sustracción internacional del niño: ella se lo llevó de viaje a la Argentina y no regresó más a Montreal, donde el matrimonio estaba viviendo. La disputa legal lleva ya un año y medio.



En primera instancia, la jueza de Familia Nº 38 de la Capital Federal, Mirta Ilundain, le dio la razón al padre y ordenó en noviembre de 2009 la restitución del pequeño, identificado como T., a Canadá. Pero la mujer apeló. La Sala K de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil se tomó casi ocho meses para resolver y en septiembre de 2010 revocó la sentencia anterior y pidió que se profundizaran las pruebas que había ofrecido la demandada. El lunes último, el abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez, en representación del padre, presentó un recurso de queja –por recurso extraordinario denegado– ante la Corte, pidiendo que ordene un nuevo fallo a la Cámara o disponga que el niño sea restituido a Canadá, para que en ese país finalmente se dirima en los tribunales la tenencia de T., como ocurrió en el caso de Daniela Wilner. Recientemente se acaba de pronunciar el máximo tribunal en otro caso parecido, de sustracción internacional de un niño por la madre, y ordenó que lo restituyera a Miami, donde tenía residencia el matrimonio antes de disolverse (ver aparte). El expediente principal volverá en los próximos días al Juzgado de Familia Nº 38, para que se defina un régimen de visitas para el padre cada vez que venga a la Argentina, mientras la Corte analiza si resuelve el tema de fondo en discusión, esto es, si corresponde la restitución a Canadá.

Otra servilleta

El nuevo caso involucra a una pareja que se mudó por primera vez a la ciudad canadiense de Montreal en 2003 pero, dos años después, volvió a Buenos Aires ante la imposibilidad de conseguir trabajo estable para ambos. Pero, al parecer, decidieron volver a mudarse en 2008 cuando él obtuvo un puesto importante.

El –a quien llamaremos R.– tiene 53 años, es músico, compositor y hace casi treinta años se dedica al arte y las nuevas tecnologías. Actualmente dirige un departamento en la Universidad de Concordia, Montreal. Ella –será nombrada M.– tiene 43 años, es licenciada en Ciencias de la Educación y desde hace un año trabaja en el área de educación secundaria del gobierno de Salta.

El 5 de enero de 2009, la mujer viajó con el nene a Buenos Aires, con el acuerdo de R. Pero M. demoró el regreso. Y luego volvió por un corto tiempo para emprender otro viaje a la Argentina con T. y nunca más regresar. En el expediente figura que ella firmó un convenio con el jardín de infantes al que iba el niño en Montreal para que le guardaran la vacante, lo que para su ex esposo demuestra su intención de regresar. La pareja no estaba casada, pero llevaban una convivencia de más de una década.

La versión de ella es que nunca la convenció volver a vivir en Canadá y que, por tanto, no se había instalado definitivamente, de modo que no se podría reclamar la restitución del niño, dado que no sería Montreal el lugar de su domicilio estable, como plantea el padre.

Al darse cuenta de que no regresaría, R. denunció a M. por la sustracción internacional del hijo de ambos e inició una batalla legal, que todavía continúa. El vínculo entre R. y M. a esta altura está roto y su relación muy deteriorada: M. formó otro matrimonio, ahora vive en Salta y acaba de tener un bebé.

“Jamás me hubiera ido a vivir a Montreal si no era para vivir juntos”, dice R. en diálogo con Página/12 desde su casa en Montreal. Dice que entre las pruebas que aportó en la causa judicial hay una servilleta en la que M. le escribió antes de partir rumbo a Buenos Aires, supuestamente por un par de meses: “Vuelvo en mayo de 2009”. Pero la mujer no cumplió. Según sospecha ahora él, ella tenía todo planificado para no volver, pero no se lo dijo claramente en aquel momento. R. también alega para sostener que Montreal había sido elegido como sitio para que la pareja viviera y que en 2008 desmontaron el departamento en el que vivían en Buenos Aires e hicieron una “mudanza internacional”, que le pagó la Universidad de Concordia, donde él fue nombrado en 2008 como director de departamento. De la mudanza, afirma R., se encargó su ex mujer. “Hasta les hicieron despedidas a ella y a mi hijo sus amigos por irse a vivir a otro país”, argumenta R. Página/12 intentó conversar con M. Pero a través de una de sus abogadas respondió que prefiere no hablar del caso, mientras se encuentra el trámite en sede judicial.

A R. lo asesora legalmente, además del constitucionalista Gil Domínguez, la abogada Haydée Birgin, fundadora de la ONG Equipo de Justicia y Género (ELA). A M., el profesor de Derecho Procesal de la UBA Jorge Kielmanovich y la abogada Eliana Groisman, una de las letradas que en su momento defendió la posición de Daniel Wilner en su batalla legal con su ex esposa Gabriela Osswald, por la tenencia de la hija de ambos (ver aparte).

Globalización

La embajada canadiense estaría al tanto del caso, según contó R., y habría tenido un acercamiento a la Cancillería para plantear su preocupación. A través de la Dirección de Asuntos Jurídicos, el Ministerio de Relaciones Exteriores interviene actualmente en más de trescientos casos parecidos, según informaron a Página/12 fuentes del área. Esa dependencia es la encargada de velar por el cumplimiento del Convenio de La Haya sobre Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores. La mayor parte de los casos están vinculados con disputas entre ex cónyuges que vivían con uno o más hijos en España, Estados Unidos o países limítrofes como Brasil, Paraguay y Bolivia. Se trata de una consecuencia más de la globalización.

R. contó que la pareja decidió mudarse por primera vez a Montreal en marzo de 2003, cuando él consiguió una oportunidad laboral. “Nos vamos por la crisis económica que había en la Argentina”, indicó. Ni él ni ella tenían trabajo fijo y estable en el país, señaló. Con M. –afirmó– habían vivido unos diez años juntos en un departamento de él en el barrio porteño de Colegiales, antes de decidir rumbear al país del Norte. El hijo nació en noviembre de 2004, en Canadá. “Después de un año y medio de estar en Montreal, y como ella no había conseguido trabajo y con mi sueldo no nos alcanzaba, decidimos volver a la Argentina”, relató R. En julio de 2005 regresaron a Buenos Aires. Según él, ella le pedía volver a Canadá porque no estaba conforme con un trabajo que había conseguido en Buenos Aires. R. señaló que tiene correos electrónicos que prueban sus dichos. A mediados de 2006, R. obtiene un contrato laboral en Montreal. Dice que como no le garantizaban demasiada estabilidad, la pareja decidió que viajara él primero. También dice que él cada mes y medio aproximadamente volaba a la Argentina para ver a su hijo: “En total, viajé siete veces a Buenos Aires y ella dos a Montreal”, describió para dar cuenta de la armonía familiar que reinaba por entonces. R. contó que finalmente decidieron que él volvería a la Argentina y a mediados de 2007 regresó. Pero en junio de 2008 le ofrecieron el cargo que actualmente tiene en la Universidad de Concordia, con un “sueldo razonable” y “estabilidad”. “Y decidimos mudarnos otra vez para Montreal. Yo viajé antes y ella llegó entre septiembre y octubre de 2008 con nuestro hijo. Yo había conseguido un lugar en un jardín de infantes, que depende de la Universidad, donde tener una vacante es dificilísimo.” R. indicó que como el invierno en Montreal es durísimo, la pareja acordó que ella iría al verano porteño, para aprovechar y visitar a la familia. M. llegó al país con T. el 5 de enero de 2009. “Tenían pasaje de vuelta para el 27 de enero”, afirmó el profesor universitario. Pero ella postergó el regreso. Y a partir de ahí, la relación se fue desintegrando. Ella volvió por algunas semanas, pero las cosas ya no marchaban bien y él le firmó un permiso para que regresara a Buenos Aires con el niño. “La ida era que ella volvía a Montreal”, dice él. Pero M. no volvió más. La versión de la mujer es distinta: dice que la decisión de ir a radicarse nuevamente a Montreal no fue de ella, que era un proyecto de él, que por las idas y vueltas, esa ciudad no fue la residencia habitual de T. y que, en consecuencia, el pedido de restitución no es justificado.

El caso ya lleva más de un año y medio en la Justicia. Mientras, el niño vive con su madre en Salta. El padre mantiene un vínculo con su hijo a través del teléfono y ha viajado a la Argentina en varias oportunidades para verlo, pero el hecho de que esté en Salta dificulta los encuentros. La última vez que estuvo con él fue en diciembre, por alrededor de doce días.

Por Mariana Carbajal
Página12
Sociedad|Viernes, 25 de febrero de 2011

No hay comentarios: